La conexión entre salud mental y descanso
Es frecuente encontrar que el insomnio actúa como un síntoma de un cuadro mayor, como la ansiedad, el estrés acumulado tras jornadas intensas, o incluso periodos de depresión que nublan nuestra perspectiva. Cuando los ataques de pánico o los trastornos emocionales se hacen presentes, el cuerpo entra en un estado de hiperalerta que impide el descanso reparador. Además, la presencia de fobias o una tristeza persistente pueden fragmentar nuestras noches. No es extraño que situaciones como los problemas de pareja, las dificultades laborales o el agotamiento derivado de un burnout nos mantengan en un ciclo de alerta, donde el manejo emocional se ve comprometido y la baja autoestima puede empezar a desgastar nuestra percepción de control.
